El popular dicho "somos lo que comemos" es realmente verídico. Lo vemos reflejado en la epidemia de la obesidad, indica el Dr. Daniel Odio, especialista en medicina familiar de la Clínica Bíblica. Y agrega el médico: además, somos lo que tomamos, haciendo que la ingesta de líquidos sea esencial para el cuerpo humano.
Conviene que el líquido que se vaya a ingerir, en su mayor cantidad, siempre - según la edad y la salud de la persona- vaya acompañado de azúcares, sodio, carbohidratos para el gasto de energía. Estos elementos, en ocasiones, podrían alterar la salud de las personas, por lo que la bebida hidratante pura más recomendada y prioritaria es solamente: el agua.
El 70% del cuerpo humano, en etapas juveniles y según el género y la composición muscular y grasa, es agua y el agua es vida, es por esto por lo que las personas dependen de este líquido tan esencial. Según el consumo de líquido y de la comida sólida ingerida así será el porcentaje de agua en el cuerpo y si queda sin llenar parte de la necesidad de hidratar el cuerpo la consecuencia es que la persona esté parcialmente deshidratada. Por ejemplo, la comida solida como verduras y frutas también aporta agua al cuerpo.
Nuestro cuerpo es un organismo en constante renovación y cambio y con ello la pérdida de líquido en el cuerpo también lo afecta sensiblemente. Es conocido que por la orina se desecha el líquido corporal, pero también se pierde a través de las heces, o el sudor, según las necesidades del cuerpo.
Según aclara el Dr. Odio: “las personas mejor hidratadas rinden más y son más productivas. La ingesta de agua ayuda a todos los sistemas del cuerpo humano”, concluyó.
Lo mejor es una disciplina controlada de la hidratación según el movimiento, actividades y requerimientos del cuerpo.